Cuando pensamos en el turismo y sus profesionales, normalmente nos vienen a la mente personas que trabajan en el sector hotelero (de cualquier tipología y categoría), en el sector restauración y en el sector de agencias de viajes y ocio. Nos cuesta más identificar algunos profesionales como los guías turísticos, que o bien por su condición, por su trayectoria laboral o por un uso popular no adecuado a menudo se ha venido quedando al margen de la categorización profesional.

En la ciudad de Barcelona, la preocupación por mostrar los monumentos y eventos más importantes a sus visitantes se remonta a más de un siglo de antigüedad, concretamente cuando la ciudad celebró su primera Exposición Universal en 1888, sita en el parque de la Ciutadella y sus aledaños. En aquel entonces el Ayuntamiento decidió dar un buen servicio a todo aquel que lo necesitase a través de una formación adecuada a sus cuerpos de policía local. Aunque esa formación hoy la veríamos poco rigurosa no dejó de ser un intento de acercamiento para aquellos que acudían a la ciudad con motivo de dicha Exposición, desgraciadamente también entró en juego la picaresca, germen de lo que en años venideros sería el desprestigio de la profesión de guías de turismo.

En el año 1908 el Ayuntamiento de la ciudad Condal creaba la Societat d’Atracció de Foraster auspiciada por Doménech J. Sanllehy, alcalde de la ciudad. La finalidad era informar, fomentar y promover el turismo en Barcelona, pero ninguna alusión directa en los estatutos de dicha Sociedad sobre la profesión del guía, pues entendían que, con la prensa diaria, los folletos, las conferencias entre otras herramientas iban a ser suficientes. Finalmente ese mismo año aparecía una Real orden Circular de 18/03/1909 que iba a regular el mal ejercicio de la profesión de guía que se estaba produciendo en el territorio nacional. A partir de ese momento y durante la primera mitad del siglo XX se irán produciendo distintas normativas que serán aplicables a todo el ámbito español.

Competencia propia de la Generalitat

En el caso de Barcelona, un nuevo evento, la segunda Exposición Internacional, sita en Montjuïc, volvía a plantear nuevos retos en temas de guiaje en la ciudad Condal, siempre desde el prisma de la Societat d’Atracció de Forasters, ofreciéndose tanto un carnet para los guías como para los turistas que tuviesen la voluntad de visitar los sitios y monumentos más notables de Barcelona, así en el número del mes de mayo de la revista que le era propia, se anunciaba la creación de un cuerpo de guías.

El trasvase de competencias, desde el Gobierno Central a la Generalitat, que se produjo durante la II República española (1931-1939), incluyó las referidas a temas turísticos. A pesar de ser para la Generalitat competencia propia, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo conocido como el Convenio de Cooperación Turística donde en la base décima se encontraba regulada la profesión del guía así como las figuras que se podían entender dependientes de dicho Convenio, de modo que se regularon: la figura propiamente del guía, la del guía-intérprete y la de informador interprete.

Con la guerra civil todo lo referido a materia turística quedó en stand by, incluyendo evidentemente el ejercicio de la profesión de guías de turismo, que no se volverá a recuperar hasta la época de la postguerra en 1947 con una Orden de 23 de mayo de 1947 donde por primera vez se establecía la obligatoriedad de contratar guías habilitados por parte de las empresas intermediarias y de servicios turísticos. Durante los siguientes veinte años, un conjunto de órdenes fueron modificando la regulación de la actividad del guía de turismo.

Y llegó a Barcelona un nuevo evento, el Congreso Eucarístico Internacional que se celebró en el año 1952, lo que permitió al gobierno franquista hacer un primer intento aperturista y de acercamiento a Europa. Cuidar la imagen iba a ser un elemento clave, así que se quiso controlar cualquier acción durante el Congreso, incluida la profesión del guía, pues iba a mostrar no sólo la imagen de una nueva ciudad sino de un nuevo hacer turístico. Para ello se requirió de una capacitación explícita que se obtuvo convocando un examen, que iba a ser el primero que se hacía en la ciudad Condal.

Finalmente la profesión de guía quedaba establecida por el Reglamento 31 de enero de 1964 donde se clasificaba a los guías como: guías de turismo, guía intérprete de turismo y guía correo. Este reglamento estuvo regulando la profesión de los guías en España hasta que la Constitución de 1978 otorgó de nuevo competencias exclusivas en materia de turismo a las distintas Comunidades Autónomas.

El Gobierno de Catalunya hizo una primera regulación en el año 1989, se trataba del Decreto el 210/1 de agosto, donde clasificaba a los guías en guías territoriales de Catalunya, guías de Barcelona y guías de ruta. A lo largo del período democrático, el Gobierno de la Generalitat ha tratado el tema turístico y la profesión del guía a través de Decretos, Órdenes y Decretos Legislativos, realizando una nueva clasificación donde desaparecían las categorías de guías territoriales de Catalunya y guías de Barcelona, para pasar a llamarse guías de turismo.

Una mirada al presente

Esta legislación tuvo pequeñas modificaciones, en tanto en cuanto España al entrar en la Unión Europea le era necesario tener en cuenta el tema de las convalidaciones de las titulaciones para permitir a los aspirantes de cualquier país que integraba la UE realizar los exámenes de habilitación que se requerían para poder ejercer esta profesión.

Contemporáneamente la realidad de Barcelona fue cambiando, pasó a tener una Asociación Profesional de Informadores Turísticos (APIT) fundada en 1977, una primera empresa de guías Barcelona Guide Bureau SL en 1990 y un conjunto de guías que trabajaban de modo freelance, todos ellos habilitados y con carné otorgado por la Dirección General de Turismo o el ente correspondiente en las diferentes etapas. Ello no significaba que no hubiesen personas que sin titulación ejerciesen esta actividad, los llamados “piratas”, pero oficialmente quedaban en el terreno de la ilegalidad y de un modo u otro se podía llegar a perseguir su ejercicio fraudulento.

El cambio más radical ha sido la transposición de la Directiva europea 2006/123/CE relativa a los servicios en el mercado interior conocida como Directiva Bolkestein, que permite el libre ejercicio de las profesiones liberales. Ello implica que con una habilitación propia del país de origen del guía, se pueda trabajar en la ciudad de Barcelona (o cualquier otra) de modo temporal u ocasional en cualquier espacio que no tenga una declaración patrimonial.

Si tenemos en cuenta que la profesión de guía de turismo es una de las que padece más intrusismo, ya que el control del ejercicio de la actividad no es fácil, se ha facilitado un campo extremamente fértil, como es Barcelona, para que aquellas personas que no siendo guías ejerzan dicha profesión por qué ¡algo hay que hacer para vivir!

Así tenemos que estudiantes  que proceden de carreras humanísticas, voluntarios, guías procedentes de otros países fuera de la UE, vagan por la ciudad procurando servicios de visitas guiadas con los llamados freetours, beetripper, etc. que a cambio de una propina hacen una visita por el barrio gótico, o los alrededores de la Sagrada Familia. Evidentemente. Los ánimos entre los profesionales están soliviantados, dado que aparte de pagarse los autónomos, y realizar las declaraciones trimestrales del IVA e IRPF no pueden competir por un lado con ese concepto de gratuidad a cambio de propina que se está ofreciendo, y por otro con guías que realizan visitas en ámbitos no declarados patrimoniales sin ser de la UE, casos tan fragantes como los guías acompañantes que llevan grupos de rusos, o de chinos.

Los guías profesionales de la ciudad de Barcelona llevan años luchando no sólo para dar un buen servicio sino para aportar su grano de arena a esa marca llamada Barcelona. Pero ahora se ven indefensos frente a unas posturas gubernamentales que básicamente siguen, por el momento, la política del laissez faire, laissez passer, desde hace dos años no se convocan exámenes, lo que provoca una situación un tanto extraña porqué la persona que quiere habilitarse y estar dentro del marco legal, en estos momentos no puede hacerlo.

Las acciones de los guías han sido variadas, desde manifestarse por la ciudad, escribir a los responsables -gestores de las administraciones local y autonómica sobre la problemática existente- y, concienciar, en la medida de lo posible a los turistas de la necesidad de que sus actividades se vean apoyadas por profesionales. La última de las acciones fue el 31 de julio del 2015 en un meeting con la regidora del Districte de Ciutat Vella para exponer los problemas no sólo de los guías intrusos sino de la masificación que se está produciendo en la zona.

Se han creado plataformas y grupos de defensa de la profesión que a través de las redes sociales señalan la problemática de su profesión y advierten del uso de guías que no siendo habilitados dan servicios que señalan de baja calidad y a menudo con graves errores de contenido en sus comentarios.

Perspectivas de futuro

A nivel gubernamental local y autonómico se han escuchado a las plataformas y asociaciones profesionales así como a las empresas existentes en la ciudad, si bien las acciones, hoy por hoy, han sido más bien escasas o nulas.

Las acciones realizadas hasta el momento por los profesionales del sector, tienen una repercusión inmediata pero no prolongada en el tiempo, lo que hace pensar que la lucha será larga y quizá sin los resultados que se esperan, que es la correcta regulación de una profesión, que tiene la virtud de interrelacionar al local con el turista interpretando a niveles de contenidos y de calidad los diferentes recursos que tiene la ciudad de Barcelona.

Y respecto a las personas que mostrando un interés por esta profesión desean estar en un marco legal y por tanto realizar el examen, prueba o lo que determine la administración autonómica, se encuentran frente un vacío legal que los sitúa, en el caso que deseen trabajar, en una situación de “alegalidad” por no decir ilegalidad.

Si pedimos profesionales en el sector turístico lo hemos de entender íntegramente sin dejar de lado ninguna profesión, porque si lo que quiere la ciudad de Barcelona (como cualquier otra ciudad) es mantener su marca y su registro de calidad, ha de empezar desde la base, y la base son sus profesionales.ok

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